NASA cancela la misión para rescatar al telescopio Swift
La NASA ha puesto fin al intento de rescatar al Neil Gehrels Swift Observatory, uno de sus observatorios espaciales más veteranos. La agencia y la empresa Katalyst Space confirmaron que la nave robótica LINK ya no intentará capturar a Swift ni elevarlo hasta una órbita más alta debido a problemas persistentes con el sistema de control de actitud de la nave de servicio. La decisión deja al observatorio encaminado hacia una reentrada en la atmósfera terrestre que, de acuerdo con las previsiones actuales de la NASA, probablemente ocurrirá antes de finalizar 2026.
Crédito: NASA
Swift lleva más de dos décadas estudiando algunos de los fenómenos más energéticos del universo. El observatorio fue lanzado el 20 de noviembre de 2004 y su misión principal estaba diseñada originalmente para durar solamente dos años. Sin embargo, la extraordinaria salud de la nave permitió extender sus operaciones durante más de 21 años, convirtiéndola en una herramienta fundamental para el estudio de los estallidos de rayos gamma, agujeros negros, supernovas y otros eventos transitorios del cosmos.
Una de las principales características de Swift ha sido su capacidad para reaccionar rápidamente cuando detecta un estallido de rayos gamma. Su conjunto de tres instrumentos permite observar el cielo en rayos gamma, rayos X, luz ultravioleta y visible, mientras que su capacidad para girar rápidamente hacia un objetivo facilita que otros observatorios terrestres y espaciales continúen las observaciones. Durante dos décadas, esta capacidad convirtió a Swift en una pieza fundamental dentro de la red mundial dedicada al estudio de fenómenos astronómicos de corta duración.
El problema que amenaza al observatorio no está relacionado directamente con el funcionamiento de sus instrumentos, sino con su órbita. Como otros satélites situados en órbita terrestre baja, Swift experimenta una pequeña cantidad de resistencia producida por las capas superiores de la atmósfera. Debido a que el observatorio no dispone de un sistema de propulsión capaz de compensar esta pérdida de altitud, su órbita ha ido descendiendo progresivamente. El aumento de la actividad solar durante el actual máximo solar calentó y expandió las capas exteriores de la atmósfera terrestre, aumentando todavía más la resistencia experimentada por Swift y acelerando considerablemente su descenso.
La situación llevó a la NASA a tomar una decisión poco habitual. En septiembre de 2025, la agencia otorgó a Katalyst Space Technologies, con sede en Flagstaff, Arizona, un contrato valorado en 30 millones de dólares para desarrollar una misión robótica capaz de alcanzar a Swift y aumentar su órbita. La compañía recibió menos de un año para diseñar, construir, probar y lanzar la nave que realizaría una operación nunca antes intentada de esta manera sobre un observatorio de la NASA que, además, no había sido diseñado originalmente para recibir mantenimiento en el espacio.
Crédito: NASA
El resultado fue LINK, una pequeña nave de servicio equipada para realizar operaciones de encuentro, proximidad y captura. El plan contemplaba acercarse cuidadosamente a Swift, utilizar sus sistemas robóticos para sujetar el observatorio y posteriormente emplear su propulsión para elevar lentamente todo el conjunto durante varios meses. Una vez alcanzada una órbita cercana a la altitud original de Swift, LINK se separaría y el observatorio podría reanudar sus operaciones científicas completas.
LINK despegó el 3 de julio de 2026 desde el atolón Kwajalein, en las Islas Marshall, a bordo de un cohete Pegasus XL de Northrop Grumman, lanzado desde el avión L-1011 Stargazer. Inicialmente, la nave estableció comunicaciones y comenzó el proceso de verificación de sus sistemas en órbita. Sin embargo, a finales de julio surgió un grave problema: LINK perdió el control adecuado de su orientación y comenzó a girar, dificultando las comunicaciones y haciendo imposible continuar con normalidad el acercamiento hacia Swift.
La investigación inicial encontró que dos de las tres ruedas de reacción de LINK habían dejado de funcionar, además de detectarse una pérdida parcial de funcionalidad en su sistema de propulsores de gas frío. Los ingenieros recurrieron entonces a los propulsores eléctricos de la nave para intentar controlar el giro. LINK llegó a rotar aproximadamente a nueve grados por segundo, pero sucesivas maniobras consiguieron reducir esa velocidad hasta alrededor de 1,47 grados por segundo.
Katalyst consiguió posteriormente cargar una nueva versión del software de vuelo con algoritmos de control diseñados específicamente para operar utilizando los actuadores que todavía permanecían disponibles. El 11 de agosto, la NASA informó que esta modificación había permitido restablecer el control de actitud y que LINK se preparaba para continuar su aproximación hacia Swift. Durante algunos días volvió a existir la posibilidad de que la misión de rescate pudiera continuar mediante un perfil modificado.
Sin embargo, esas soluciones no fueron suficientes para garantizar una captura segura del observatorio. El 19 de agosto, NASA y Katalyst anunciaron oficialmente que LINK no intentaría sujetar a Swift ni realizar la maniobra destinada a elevar su órbita. La naturaleza de una operación de proximidad entre dos vehículos espaciales exige un control extremadamente preciso, y cualquier comportamiento inesperado de LINK durante la captura podría haber puesto en peligro tanto a la nave de servicio como al propio observatorio.
El final del intento de rescate no significa que LINK haya terminado su misión. NASA y Katalyst todavía planean utilizar la nave para intentar realizar operaciones de encuentro y proximidad con Swift, aunque sin capturarlo. Estas maniobras permitirán recopilar datos sobre navegación autónoma, aproximaciones a otros vehículos y operaciones de servicio en órbita que podrían utilizarse en futuras misiones. La agencia considera que parte del valor del proyecto estaba precisamente en demostrar tecnologías que en el futuro podrían utilizarse para reposicionar, reparar o prolongar la vida útil de satélites que originalmente no fueron diseñados para recibir mantenimiento.
Para Swift, en cambio, el tiempo se está agotando. La NASA ya había reducido significativamente sus operaciones científicas en febrero de 2026 para mantener al observatorio en una orientación que generara la menor resistencia atmosférica posible y así prolongar su permanencia en órbita mientras esperaba la llegada de LINK. Aunque su Burst Alert Telescope podía continuar detectando estallidos de rayos gamma, Swift dejó de realizar muchas de las rápidas maniobras que históricamente habían caracterizado su misión.
Sin una nueva intervención capaz de aumentar su altitud, la NASA considera probable que Swift vuelva a entrar en la atmósfera terrestre antes de finalizar 2026. La mayor parte del observatorio se destruirá durante la reentrada, poniendo fin a una misión que originalmente debía durar dos años pero que terminó proporcionando más de dos décadas de observaciones científicas. Mientras tanto, la agencia afirma que buscará otras maneras de mantener la capacidad de reaccionar rápidamente ante eventos cósmicos transitorios utilizando las misiones que continúan actualmente en funcionamiento.
Aunque el rescate no consiguió su objetivo principal, la experiencia de LINK representa uno de los intentos más ambiciosos realizados hasta ahora para demostrar que una nave comercial puede ser construida rápidamente y enviada a prolongar la vida de un satélite que nunca fue diseñado para ser reparado o reubicado. El fracaso de la maniobra de elevación marca probablemente el comienzo del capítulo final para Swift, pero las lecciones obtenidas durante la misión podrían terminar influyendo en una futura generación de vehículos robóticos capaces de mantener, reparar y reposicionar satélites directamente en órbita.